Balmaceda y la Lira popular
La Lira Popular usó la poesía de cordel para dar voz al pueblo chileno, transformando la trágica Guerra Civil de 1891 y la figura de Balmaceda en memoria colectiva e identidad nacional.
Luis Enrique Jofre Bernal
Antropólogo de la Casona
17 de agosto, 2026 · 7 min de lectura
La Lira Popular (1866-1910) constituye una de las manifestaciones estético-literarias y periodísticas más singulares del patrimonio cultural chileno de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Desarrollada de manera primordial entre 1866 y 1910, esta expresión consistía en pliegos sueltos de poesía impresa que se vendían a muy bajo costo en las calles, plazas, recintos feriales y estaciones de ferrocarril de los principales centros urbanos de Chile, tales como Santiago y Valparaíso. Estos impresos respondieron al acelerado proceso de urbanización, a la paulatina alfabetización de los sectores subalternos y al dinamismo de la imprenta tipográfica modesta de la época.
El formato físico de la Lira Popular era inconfundible. Cada pliego constaba habitualmente de una hoja de papel de diario de tamaño pliego o medio pliego, en cuyo encabezado figuraba una ilustración realizada mediante la técnica de la xilografía o grabado en madera. Dichas xilografías, confeccionadas muchas veces por los propios poetas o por artesanos imprenteros, poseían una marcada estética de líneas esquemáticas, expresivas y populares. Bajo la imagen principal se disponían entre cuatro y seis composiciones poéticas escritas en verso octosílabo, empleando predominantemente la estructura formal de la décima.
Los creadores de estos textos, conocidos popularmente como «puetas», actuaban como cronistas e intérpretes de la realidad social y política de su tiempo. Entre ellos destacaron figuras renombradas como Bernardino Guajardo, Rosa Araneda, Daniel Meneses, Juan Bautista Peralta, Adolfo Reyes y Nicanor Junta. Para comercializar sus impresos, los pliegos eran colgados en cordones o cordeles extendidos entre árboles o postes para llamar la atención de los transeúntes, razón por la cual esta forma de difusión se emparenta directamente con la literatura de cordel iberoamericana. asimismo, para amplificar su alcance entre una población que todavía registraba altos índices de analfabetismo, los cantores populares pregonaban y cantaban los versos a viva voz en espacios públicos, vendiendo las copias por escasos centavos. De este modo, la Lira Popular funcionó como un medio masivo de comunicación alternativa a la prensa oligárquica, donde el pueblo no solo se informaba de crímenes, catástrofes y fenómenos de la naturaleza, sino que también debatía enérgicamente sobre los grandes procesos políticos que sacudían a la república.
El valor poético de estos autores fue tempranamente reconocido por destacados intelectuales y lingüistas de la época, como el sabio alemán Rodolfo Lenz. Al referirse al célebre Bernardino Guajardo, Lenz (1894) afirmó:
«El único de los populares que merece dentro de su esfera el nombre de poeta es Bernardino Guajardo, que ya ha muerto, i merecería que su nombre se conservara en la literatura chilena» (p. 620).
De igual manera, Lenz destacó el sobresaliente talento de las mujeres en la poesía de cordel, deteniéndose en la figura de Rosa Araneda:
«El ejemplo que cito es de “la poeta”, como ella misma se llama, Rosa Araneda, que en estos últimos años ha enriquecido esta literatura popular impresa de Santiago más que ningún otro autor, i, en cuanto a su habilidad de rimar, es uno de los mejores poetas populares» (p. 603).
El gobierno del presidente José Manuel Balmaceda Fernández (1886-1891), elegido bajo la promesa de un ambicioso programa de modernización nacional, impulsó una vasta política de obras públicas que incluyó la construcción de redes ferroviarias, puentes, escuelas, hospitales e infraestructura portuaria, financiada principalmente por los cuantiosos ingresos provenientes de los derechos de exportación del salitre tras la Guerra del Pacífico. El conflicto entre las reformas de Balmaceda y el Congreso provocó la crisis presupuestaria de 1891, desencadenando una sangrienta guerra civil que dividió al país.
Durante el desarrollo de la contienda fratricida de 1891, los pliegos de la Lira Popular se convirtieron en un verdadero campo de batalla ideológico y emocional. A diferencia de los periódicos formales de la época, condicionados por la censura estatal o la línea editorial de la oligarquía dominante, los poetas populares volcaron en sus estrofas las pasiones, los miedos, las lealtades y las contradicciones del pueblo chileno.
Por un lado, una fracción considerable de los bardos populares identificó en Balmaceda a un gobernante progresista y patriota que se enfrentaba a la avaricia de los congresistas y al capital imperialista extranjero. Poetas como Daniel Meneses y Rosa Araneda compusieron décimas dedicadas a ensalzar la firmeza del mandatario y a denunciar las maniobras de los revolucionarios parlamentarios. En estas composiciones se recurría a un lenguaje épico donde Balmaceda personificaba la justicia social y el amparo de la nación.
A continuación, se cita un fragmento característico de una décima popular de la época, rescatada por Navarrete Araya (1993), donde se manifiesta el apoyo irrestricto al mandatario:
Don José Manuel Balmaceda
con harta bizarría
sostuvo la bandera
de la patria mía.
Vio la patria amenazada
por la rica oligarquía,
y con noble valentía
no se rindió por nada (p. 85).
Por otro lado, la contienda también dio espacio a versos críticos hacia la administración balmacedista. Algunos poetas manifestaban el malestar por los reclutamientos forzosos, la escasez de alimentos, la inflación y la represión militar impuesta bajo el estado de sitio. No obstante, incluso en las sátiras antibalmacedistas o en las lamentaciones neutras, predominaba un profundo dolor por la división entre hermanos chilenos. La estructura métrica tradicional de la décima permitió a los sectores populares procesar poéticamente la complejidad del acontecimiento.
El desenlace militar de la Guerra Civil de 1891, según Lenz (1919), se decidió en las sangrientas batallas de Concón (21 de agosto) y Placilla (28 de agosto), donde el Ejército constitucionalista fue derrotado por las tropas congresistas. La poesía impresa registró la magnitud de la tragedia:
En Concón y en Placilla
corrió la sangre a mares,
dejando en los hogares
la más triste pesadilla (p. 485).
Según Navarrete Araya (1993), para evitar un mayor derramamiento de sangre, el presidente José Manuel Balmaceda delegó el mando y se refugió en la Legación Argentina en Santiago. El 19 de septiembre de 1891, un día después de culminar su período legal, se quitó la vida, transformándose de inmediato en un mártir trágico:
El diecinueve de septiembre
entregó su alma al Creador,
sumido en grande dolor
el presidente Balmaceda (p. 104).
Su muerte sacudió los talleres de imprenta populares. La Lira Popular publicó pliegos con espíritu de luto y elegías de poetas como Rosa Araneda que ensalzaban al mandatario caído:
Falleció con gran valor
el Presidente estimado,
se quitó la existencia
por no verse humillado.
Con su muerte demostró
un patriotismo profundo,
dejando en este mundo
su nombre inmortalizado.
Además, circularon masivamente despedidas o testamentos poéticos en primera persona atribuidos al propio gobernante:
Dejo a mi pueblo querido
esta humilde despedida,
entrego al fin la vida
pero jamás el olvido (p. 112).
La Lira Popular demostró que los sectores trabajadores no eran meros espectadores pasivos del devenir político, sino agentes con capacidad crítica y expresiva que utilizaban la poesía para reinterpretar los acontecimientos nacionales. El impacto cultural ha sido ampliamente reconocido en la actualidad. Colecciones como las conservadas en la Biblioteca Nacional de Chile y en la Universidad de Chile constituyen un tesoro documental invaluable, al punto que la Lira Popular ha sido inscrita en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO, consolidándose como un referente indispensable para comprender el folclore, la imprenta popular y la historia social de Latinoamérica.
En definitiva, la convergencia entre la expresividad de la Lira Popular y la trágica peripecia política de José Manuel Balmaceda puso de manifiesto el poder revelador del verso popular chileno. A través de la décima y la xilografía, el pueblo chileno inmortalizó a Balmaceda como un mito que encarnaba las aspiraciones de soberanía, justicia e independencia nacional, tejiendo un vínculo indestructible entre la poesía popular y la memoria política colectiva de la nación.
Fuentes & Respaldo Historiográfico
Biblioteca Nacional de Chile. (s.f.-b). José Manuel Balmaceda (1840-1891). https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-662.html Biblioteca Nacional de Chile. (s. f.). La Lira Chilena (1898-1907). https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-31514.html Biblioteca Nacional de Chile. (s.f.-a). La Lira Popular (1866-1910). https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-723.html Lenz, R. (1919). Sobre la poesía popular impresa de Santiago de Chile: Contribución al folklore chileno. Imprenta Cervantes. Navarrete Araya, M. (1993). Balmaceda en la poesía popular: 1886-1896. Centro de Investigaciones Diego Barros Arana; DIBAM.
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